Hay personas que hablan contigo y personas que te hablan a ti. Hace unos meses, en Dubái, me senté delante de una de las segundas. No me dijo nada que no hubiera oído antes. Que la vida es solo una. Que nadie más va a vivirla por ti. Lo había escuchado mil veces, lo había leído en tazas y en carteles motivacionales. Pero ese día, por primera vez, no lo oí. Lo entendí.
Hay verdades que solo entran cuando las dice la persona adecuada, en el momento en que estás preparada para escucharlas.
A mí me han llamado loca muchas veces. Cuando dejé una ciudad pequeña de Rumanía. Cuando dejé la televisión. Cuando me fui a Qatar. Cuando empecé de cero en Barcelona, y luego otra vez, y otra. Cada vez que elegí mi vida en lugar de la que se esperaba de mí, alguien tenía una opinión. Casi siempre era alguien que me quería. Y casi siempre tenía miedo por mí.
Lo entiendo. Pero he aprendido algo que me ha costado años: nadie que te diga cómo tienes que vivir va a levantarse mañana en tu cama, con tus miedos y con tus ganas. Nadie va a envejecer en tu cuerpo. Nadie va a morir en tu lugar. Entonces, ¿por qué dejamos que tantas personas decidan la única vida que tenemos?
Las mujeres crecemos rodeadas de expectativas. Las de nuestros padres, las de nuestras parejas, las de los jefes, las de las amigas que nos quieren y precisamente por eso prefieren que no nos movamos del sitio. Aprendemos pronto a pedir permiso. A justificarnos. A esperar el momento perfecto, que nunca llega.
La libertad no se pide. Se toma. Y casi siempre cuesta algo. A veces cuesta la aprobación de los demás. A veces cuesta personas que se apartan. Pero si alguien se aleja porque decides ser tú, quizá nunca estuvo ahí para acompañarte, sino para frenarte.
Tampoco creo en el valor sin miedo. Yo he tenido miedo en cada decisión importante de mi vida. Lo que he aprendido es que el valor consiste en no dejar que el miedo firme por ti. Tiemblas, y lo haces igual. Así se hacen las cosas que importan.
Esa conversación en Dubái fue el episodio piloto de VISIBLE Talks, un proyecto que hasta entonces solo existía en mi cabeza. Me había puesto un objetivo que me daba casi vergüenza decir en voz alta: que algo de lo que dijera una de mis invitadas le cambiara la vida a alguien a quien nunca conoceremos.
Lo conseguimos con el primer episodio.
Después de publicarlo, nos escribieron. Mujeres que no nos conocen y que, al verlo, se atrevieron a hacerse una pregunta que llevaban tiempo evitando. No sabremos cómo termina su historia. No hace falta. Sabemos que unas palabras dichas en Dubái cruzaron una pantalla y se quedaron a vivir en alguien.
Por eso me hice periodista. Las palabras no pueden parar el tiempo ni evitar una pérdida, pero pueden darle a alguien el valor que le faltaba para elegirse.
Así que, si estás leyendo esto y llevas tiempo esperando permiso, te lo digo yo: no lo necesitas. Tienes una sola vida y es tuya. Sé valiente. Vívela tú.
Gracias, Marion.
La conversación que me dejó con esta idea puedes verla completa aquí:
https://www.youtube.com/watch?v=LJ-u7-BEoME&t=485s
Casi siempre, estos pensamientos nacen de una conversación. Gracias por leer.
